Sábado, 23 de agosto de 2003

 OPINION
TRIBUNA LIBRE
EEUU ha creado un nido de terroristas
JESSICA STERN

El bombardeo el pasado martes de la sede de la ONU en Bagdad ha sido la prueba más evidente de que EEUU ha ocupado un país que ahora se ha convertido en una amenaza terrorista cuando antes no lo era.

Claro que deberíamos alegrarnos de que la guerra de Irak haya sido más rápida de lo que esperaban sus promotores, y de que se haya destituido a un tirano despiadado, pero el periodo de posguerra es otra historia. Más por negligencia que por malevolencia, EEUU ha conseguido, precisamente, crear aquella situación que la Administración de Bush había calificado de campo de cultivo para terroristas: un Estado incapaz de controlar sus fronteras o de satisfacer las necesidades básicas de sus ciudadanos.

Como manifestó claramente la Administración estadounidense en su estrategia de seguridad nacional el pasado mes de septiembre, los estados débiles suponen la misma amenaza a la seguridad norteamericana que los estados poderosos. Sin embargo, dada la incapacidad de esta Administración para proveer de los servicios básicos y legitimar a los gobiernos establecidos en la posguerra de Afganistán e Irak, así como su persistente reticencia a ver una relación entre esos fracasos y la escalada de violencia antinorteamericana; me pregunto si el Gobierno se leyó su propio informe.

Por ejemplo, el jefe de las Fuerzas Armadas estadounidenses en Irak, el general John Abizaid, ha calificado los ataques casi diarios a sus tropas como campañas de guerrillas lideradas por restos baazistas apoyadas por algunos civiles. Pero cada vez son más los iraquíes que no están de acuerdo con esta opinión, y creen que los ataques son obra de fuerzas organizadas que se alimentan del descontento, motivadas por el nacionalismo, el Islam y la venganza.

Según un estudio realizado este mes por el Centro Iraquí de Investigación y Estudios Estratégicos, casi la mitad de los iraquíes encuestados atribuyen la violencia a la provocación de las fuerzas de EEUU o a la resistencia a la ocupación (lo más preocupante es que la palabra árabe que equivale a la de resistencia utilizada en la encuesta lleva consigo cierto tono de simpatía hacia los autores de los atentados). En las ciudades de Ramadi y Faluya, lugares donde se han producido la mayoría de los ataques, casi el 90% de las respuestas del cuestionario confirmaba que los iraquíes atribuyeron las agresiones a estas causas.

¿Por qué los ciudadanos iraquíes de a pie no se apresuran a condenar la violencia contra los soldados que les han liberado de Sadam Husein? Mustafá Alani, un estudioso iraquí del Royal United Services Institute de Londres, me dio una posible explicación: incluso en los días más tenebrosos de la guerra Irán-Irak, la mayoría de los iraquíes (aparte de kurdos y árabes marsh -árabes de los pantanos-) no tenían que preocuparse por su seguridad personal.No podían decir lo que pensaban, pero podían contar con suministro eléctrico, agua o servicio telefónico, por lo menos, durante la mayor parte del día. Ahora tienen miedo a que les ataquen en sus casas. En cuanto a la energía, normalmente no hay ni luz, ni agua, ni teléfono. Según M. Alani, a los iraquíes ahora ya no les importaría tanto la democracia; lo que realmente quieren es asegurarse de que no van a violar a sus hijas o raptar a sus hijos de camino a la tienda de comestibles.

Echar la culpa de la violencia a los aislados leales del partido Baaz era quizá más plausible cuando la violencia tenía lugar en la zona central suní. Pero los recientes disturbios en el sur de la ciudad chií de Basora y el sabotaje de un oleoducto principal en el norte kurdo evidencian que otras regiones no permanecerán pacíficas indefinidamente.

Los chiíes apoyaron abiertamente la operación para destituir a Sadam Husein, pero ahora están furiosos por la manifiesta incompetencia estadounidenses después de la guerra. Todos estos hechos configuran el escenario ideal para extremistas religiosos. Moktada al-Sadr, un clérigo mordaz de Basora, dice que ha reclutado un ejército de 5.000 hombres chiíes para enfrentarse a las fuerzas de ocupación.Está alentando a sus adeptos públicamente para que se comprometan con una resistencia pacífica, pero algunos han dicho a los periodistas occidentales que están dispuestos a llevar a cabo «operaciones de martirio» cuando sea necesario y reciban las órdenes correspondientes.

Además, en el periodo previo a la guerra, la mayoría de los iraquíes vieron a los voluntarios extranjeros que corrían a luchar contra EEUU como agitadores, y se dice que el ejército de Sadam Husein mató a muchos de ellos. Hoy en día, según M. Alani, estos extranjeros están siendo mejor recibidos por la opinión pública, especialmente por el antiguo baluarte baazista del norte de Bagdad.

Por muy negativa que sea la situación dentro de Irak, el efecto que ha tenido la guerra en el reclutamiento de terroristas alrededor del mundo puede ser mucho más preocupante. Incluso antes de la invasión, un alto funcionario encargado de la política antiterrorista del Gobierno de EEUU, comunicó a los periodistas que «ya se está utilizando la invasión de EEUU de Irak como cebo de reclutamiento para Al Qaeda y otros grupos». Funcionarios del servicio de Inteligencia de EEUU, Europa y Africa dicen que los reclutas que ven ahora son más jóvenes que antes. Las imágenes emitidas por televisión de soldados estadounidenses y tanques en Bagdad son profundamente humillantes para los musulmanes, incluso para los que no querían a Sadam Husein, decía Saad al-Faqih, líder del Movimiento para la Reforma Islámica en Arabia, un grupo disidente saudí en Londres.Saad al-Faqih me contó que en los últimos meses han entrado en Irak unos 3.000 jóvenes, y añadió que la guerra era «un regalo para Osama bin Laden».

Hassan Nasrallah, líder del grupo chií libanés Hizbulá, en un acto religioso el pasado mes de marzo, dijo ante una multitud de 150.000 personas que EEUU estaba intentando ocasionar una «tragedia para la Humanidad y extender el caos en el mundo».Además, predijo que el pueblo de Irak y la región «recibirían a las tropas norteamericanas con rifles, sangre, armas y martirio».

La ocupación ha proporcionado a grupos distintos de varios países un campo de batalla común sobre el cual luchar contra un enemigo común. Hamid Mir, un biógrafo de Osama bin Laden, ha estado viajando por Irak y me ha contado que Hizbulá ha intensificado sus actividades no sólo en las regiones chiíes, sino también en Bagdad.

Pero lo más inquietante es la dimensión que está alcanzando la influencia de Al Qaeda. Al grupo se le ha relacionado con los atentados de Indonesia, Arabia Saudí y Marruecos. En el atentado de ayer se sospecha de Ansar al-Islam, una ramificación de Al Qaeda cuyas bases en el norte de Irak fueron destruidas a principios de la guerra. En las últimas semanas, funcionarios de EEUU reconocieron que miembros del grupo terrorista habían cruzado de Irán a Irak, habían empezado a organizarse en Bagdad y eran sospechosos de maquinar atentados, incluyendo el del 7 de agosto a la embajada de Jordania. Además, Hamid Mir informó que Al Qaeda estaba organizando nuevos campos de entrenamiento en la región limítrofe entre Irak y Siria.

Aunque no haya una causa única de terrorismo, las entrevistas que he mantenido con terroristas durante los últimos cinco años indican que la alienación, la humillación y la falta de oportunidades políticas y económicas empujan a los jóvenes hacia el extremismo.Este puede fácilmente convertirse en violencia cuando las instituciones gubernamentales son débiles y hay dinero disponible para pagar una guerra santa. No parece que EEUU vaya a convencer a los terroristas comprometidos. Después de pasar algún tiempo dedicados a esta militancia, les cuesta imaginar otra forma de vida. Algunos han dicho de la yihad que era «adictiva».

De este modo, la mejor manera de luchar contra ellos es asegurarse de que la mayoría de la población los rechaza. Los terroristas y las guerrillas confían en obtener, al menos, algún apoyo popular.El deber de EEUU será restaurar la seguridad pública en Irak e instalar en el lugar instituciones gubernamentales efectivas regidas por iraquíes. También ayudaría el hecho de que pudiéramos involucrar a más ejércitos de otros países, para dejar claro que la guerra no ha sido una conspiración norteamericana para robar el petróleo de Irak y denigrar el Islam, tal y como argumentan los extremistas.

El objetivo de crear un Irak mejor es una noble finalidad, pero un primer paso será asegurarse de que los iraquíes de a pie encuentren en los ideales estadounidenses un apoyo más atractivo que en los de Al Qaeda.

Jessica Stern es profesora de la Escuela de Gobierno Kennedy de Harvard, autora de Terror en el nombre de Dios: Por qué matan los militantes religiosos.