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Áreas de Observación

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SOCIEDAD ESPAÑOLA DE PSICOLOGÍA DE LA VIOLENCIA NNNnnnnnnnnnnnnn


por Montserrat Boix
Periodista

Tras la victoria el pasado domingo, 4 de noviembre, del Partido de la Justicia y Desarrollo con mayoría absoluta en el Parlamento de Turquía los medios de comunicación en todo el mundo no cejan en repetir que ha vencido en Turquía un partido "islamista moderado". El concepto no es nuevo: para muchos analistas internacionales el FIS, Frente Islámico de Salvación, por ejemplo, en Argelia ha sido y es todavía considerado uno de esos partidos "islamistas moderados" aunque con respecto a la política de los derechos humanos de las mujeres se asemejaba demasiado a los taliban afganos, afortunadamente ya desenmascarados mundialmente, y haber reconocido públicamente la existencia de su brazo armado, el Ejercito Islámico de Salvación, responsable de numerosas muertes de civiles entre ellas numerosas mujeres que se negaban a plegarse a las retrógradas imposiciones de este movimiento.

Recep Taayyip Erdogan líder de este partido y por cierto inhabilitado legalmente para asumir cargos públicos tras ser procesado en 1999 por "incitar al odio entre religiones" que le costó además cuatro meses de cárcel, tras la confirmarse la victoria de su partido se apresuró inmediatamente a dejar claro que su pasado islamista "quedaba atrás", que no era anti-occidental ni estaba en contra de la Unión Europea, que estaba a favor del mercado libre anunciando el lema de su gobierno "hay que dejar vivir al individuo para que pueda vivir también el Estado. Como numerosos líderes islamistas educados en universidades europeas Erdogan conocía bien el discurso a desarrollar en el momento oportuno para "limar asperezas" e iniciar una posible aceptación de su movimiento en Estados Unidos y Europa.

Desde las redes internacionales de mujeres preguntamos a los analistas qué significa para ellos "islamismo moderado". ¿Moderación en relación a qué? Al libre mercado? a la economía neoliberal? A las posiciones del FMI en su país? Y que pasa específicamente con los derechos básicos de las mujeres?.

En contraste, en la capital jordana el mismo día, se celebraba una cumbre sobre la discriminación de la mujer árabe en la que se examinaron las dificultades que sufren las mujeres árabes, la mitad de ellas todavía analfabetas, con la tasa más baja del mundo -el 3,5 %- de participación en los escaños parlamentarios, sometidas -salvo hasta el momento en Turquía y Túnez- a la sharia islámica y al código de familia en su estatus legal que las hace menores de edad de por vida… en esta cumbre la reina Rania de Jordania anunció que el gobierno de su país acaba de enmendar las leyes relativas a pasaportes, nacionalidad y jubilación para que las mujeres jordanas pudieran solicitar un pasaporte sin la obligación del permiso de su marido, puedan dar nacionalidad jordana a sus hijos -hasta ahora solo los hombres tenían derecho a transmitir su nacionalidad y adquirir el derecho a cobrar su propia jubilación incluso si ésta cobra una pensión de viudedad. Sin duda un avance para nuestras hermanas jordanas del que las redes de mujeres se felicitan. Son algunos gestos -quizás podríamos decir los primeros- por parte de los gobernantes del mundo árabe a plantear la reforma social necesaria para construir una sociedad no discriminatoria, paso fundamental en el camino de la democracia y la justicia social.

Sin duda antes de cualquier calificativo sobre "moderación" es imprescindible comprobar cual es la política de estos partidos en relación a los derechos de las mujeres, derechos humanos fundamentales. Hasta el momento, todos los gestos que se conocen de tales partidos indican lo contrario. Desde las redes de mujeres, concretamente, desde las redes europeas de mujeres nos preocupa que nuestros analistas y nuestros dirigentes olviden preguntar sobre tales derechos antes de aplicar adjetivos que pueden edulcorar la cruda realidad para las mujeres situadas en territorios integristas.

Madrid, 4 de noviembre de 2002

Montserrat Boix

Mujeres en Red

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 


 

 

 

 

 

 

 



 

 

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 © Sociedad Española de Psicología de la Violencia, 2002