| por Esperanza Bosch y Victoria Ferrer
Uno de
los sentimientos humanos más destructivos es el de la indefensión,
la creencia de que nada depende de una misma ni de sus esfuerzos. La terrible
sensación de que, se haga lo que
se haga, una especie de fatal destino se derrumba sobre nuestras vidas
sin poder evitarlo. Pues bien, eso es lo que sentimos infinidad de seres
humanos en relación a la violencia de género. La cifras
de mujeres asesinadas o heridas de muerte por quienes dijeron en algún
momento que las amaban: sus maridos o ex maridos, sus novios o ex novios,
se ha disparado de tal manera en España en este último año
que debería haberse abierto un riguroso debate político,
una toma de conciencia por parte de quienes representan la soberanía
popular que modificara sus agendas políticas, y que movilizara
todos los recursos a los que el Estados tienen acceso. Sin embargo no
ha sido así. Las 42 mujeres asesinadas hasta la fecha de hoy (junio
2003) no han merecido por parte de las autoridades más que un ligero
parpadeo, y tibias promesas de mejoras en el ámbito judicial o
policial, y quien las hace sabe de ante mano que nacen casi muertas por
falta de medios reales.
Existen
en nuestro país y en el resto del mundo una enorme cantidad de
trabajos e investigaciones rigurosas y desapasionadas que señalan
claramente cuáles son las variables que actúan en el los
casos de violencia contra las mujeres. Hay muchas personas, equipos de
investigación y asociaciones expertas en el tema, con una larga
experiencia en el análisis del problema y en la asistencia a las
víctimas que pueden identificar perfectamente las raíces,
definir las causas, preveer las consecuencias y que sin embargo son sistemáticamente
ignoradas. El movimiento feminista viene diciéndolo desde hace
mucho tiempo, demasiado tiempo, sin ser apenas escuchado, pero lo cierto
es que existen tantas evidencias que ya nadie puede ignorar y que demuestran
explícitamente que las creencias misóginas son las asesinas.
Este terrorismo misógino que en España mata mucho más
que el terrorismo político, requeriría una actuación
mucho más contundente y valiente de la que el Partido Popular en
el gobierno está dispuesto a hacer. Porque cuando hablamos de creencias
nos referimos necesariamente al proceso de socialización de niños
y niñas, a los valores que se siguen transmitiendo y que ensalzan
la violencia como una forma legítima de resolver los conflictos,
al mantenimiento de mitos y falsas creencias sobre la masculinidad y la
feminidad, sobre el amor romántico, sobre el sexo, sobre el modelo
de familia tradicional patriarcal que ha representado la tumba de tantas
mujeres.
La violencia
de género requiere un tratamiento integral que la abarque en todos
los flancos: los más inmediatos, como son los judiciales , policiales
y de atención inmediata a las víctimas, y
los que se deben planificar a medio - largo plazo: la educación
y el cambio de modelo social. Y claro, esto la derecha no está
dispuesta a planteárselo. Si nos faltaba una última prueba,
en
estos días nos hemos desayunado con la noticia de que la religión
(católica) volverá a ser una asignatura importante en el
curriculum escolar, equivalente a materias como las matemáticas
o las ciencias sociales o naturales. Quizás pronto veamos crucifijos
en las aulas, cánticos patrióticos en los patios y el NODO
en los cines. Un mundo en blanco y negro que creíamos ya superado
pero que acecha en las esquinas. Siempre nos quedará la posibilidad
de publicar un libro (de ficción,
naturalmente) que se titulara algo así como "Todos cabrones".
Quizás se convierta en best-seller.
Esperanza Bosch y
Victoria A. Ferrer, 30 junio 2003
Profesoras de Psicología de la Universidad de las Islas Baleares
e investigadoras en temas de violencia de género.
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